Para la sustentación estable de un cuerpo es necesario que tenga, al menos, tres puntos de apoyo que no estén en línea recta.
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Thomas Bernhard, Corrección.
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Del padre de Saleta no sabemos su nombre. Sabemos muchas otras cosas. Por ejemplo, su profesión, que era psicoanalista; y también, que sacó adelante a su madre (una esquizofrénica) unos años después de montar el gabinete en un piso de Santiago. Sabemos además que se enamoraron al final de la terapia, cuando su curación. Y que lo cerraron todo a cal y canto y se fueron a un puerto del Atlántico (Porto do Anxo) donde compraron un antiguo faro que estaba en venta, lo rehabilitaron y pusieron por nombre "Almiya" (una mirilla para observar el alma), porque así se llamaba también el gabinete de psicoanálisis.
Al cabo de unos años nació Saleta (la virgen de La Saleta es la patrona de Porto do Anxo). En un momento sin determinar de su adolescencia muere Uxía (Eugenia), su madre. A partir de ahí, el padre compra una barca, le rotula el nombre de su querida Uxía, y se encierra en sí mismo y en navegar. Rara vez cruzan alguna palabra. Saleta aguanta así algún tiempo torturándose, porque no consigue comprenderle ni puede ayudarle en sus mutismos.
Para salir de esa situación decide marchar a USA a estudiar Filología a Wisconssin y poner tierra por medio. Es su primera huida. Allí conoce a un amor inestable en un recital de Bob Dylan y Joan Báez, y entra en contacto con ideas trostkystas.
A la vuelta, recién licenciada con veinticinco años, encuentra el ambiente del faro igual o peor. Se le queda pequeño el puerto, la situación del país y su vida. Por eso emprende esta segunda huida a Madrid en 1970 con la intención de servir de algo a los movimientos que se oponían a la dictadura. A partir de ahí adoptará el nombre de Yailene, y marcará un teléfono cada domingo para decir esta contraseña: "Ha llegado una caja de Codorníu". Su tarea se completará con pasarle una bolsa de octavillas a un joven muy bien vestido que no conoce de nada en el andén del metro de Sevilla. Así durante un largo periodo.
Es en este paréntesis cuando se busca diversos trabajos a cual más variopinto, nada fijo. En parte por motivos de seguridad; pero también, porque no va con ella.
Poco antes de la muerte del dictador, intuye que no vale para andar de "liberada" en un tren que no piensa salir de la estación. Lo ve venir y se vuelve a Cabo do Anxo. Cuando llega al puerto, le comunican la muerte (el cuerpo nunca se encontró) de su padre. Según los vecinos, Uxía, la barca, regresa una tarde sin él. Un libro abierto de Sófocles es lo único que vuelve del horizonte.
A partir de ahí, Saleta se empeña en encontrar una explicación a los silencios de su padre y a su posible suicidio, para lo cual se encierra en el piso de Santiago (donde tenía el gabinete) para recuperar uno por uno todos los apuntes y comentarios que dejó hechos al tomar notas en las sesiones de terapia.
Pero, un día que está trabajando entre apuntes, aparece Chumpéter (tampoco se sabe su nombre real), un tipo que viene de Madrid lleno de contradicciones. Por un lado está montado en el dólar como consecuencia de sus conocimientos para interpretar gráficos bursátiles. Por otro, viene de llevar a cabo paralelamente un esfuerzo intensivo de meditación Zen sin haber obtenido fruto alguno. Su intención es alquilar un faro (Saleta ha puesto un anuncio) para huir del hastío y la decepción que siente en su vida. Entre ellos se produce un enamoramiento que no termina de dar sentido a sus existencias. Algo que después de dar muchas vueltas, acaba por provocar la cuarta huida de Saleta a Madrid, unos años después.
Codorníu encuentra a Saleta en un bar de Malasaña y se reconocen. Codorníu era el tipo aquel tan trajeado que le recogía la bolsa en el metro de Sevilla. Comienzan una relación muy intensa basada en los recuerdos de su compromiso personal con el riesgo. Cuando regresan a Porto do Anxo, no saben como va a reaccionar Chumpéter. Sin embargo, viven unos años de una increíble estabilidad emocional formando los tres un grupo donde brilla tanto la amistad de los dos hombres como el amor que cada uno siente por ella.
Tras unos años dorados, Chumpéter advierte que se le está acabando el dinero procedente de la Bolsa y Codorníu propone regresar a Madrid para sobrevivir de su antiguo empleo. Saleta accede y demuestra que sigue teniendo esa chispa para buscarse la vida a través de trabajos de lo más ingenioso. Sin embargo el ambiente de la ciudad industrial es inhumano y lleno de crispación, y antes que aquella relación tan bella se deteriore, los tres llegan al acuerdo de vivir separados. Chumpéter accede a regañadientes; se enfrasca en sus lecturas y en el Havana con limón, pero es el que peor lo lleva.
En este periodo, superado el ecuador de sus vidas, muere Saleta.
Del padre de Saleta no sabemos su nombre. Sabemos muchas otras cosas. Por ejemplo, su profesión, que era psicoanalista; y también, que sacó adelante a su madre (una esquizofrénica) unos años después de montar el gabinete en un piso de Santiago. Sabemos además que se enamoraron al final de la terapia, cuando su curación. Y que lo cerraron todo a cal y canto y se fueron a un puerto del Atlántico (Porto do Anxo) donde compraron un antiguo faro que estaba en venta, lo rehabilitaron y pusieron por nombre "Almiya" (una mirilla para observar el alma), porque así se llamaba también el gabinete de psicoanálisis.
Al cabo de unos años nació Saleta (la virgen de La Saleta es la patrona de Porto do Anxo). En un momento sin determinar de su adolescencia muere Uxía (Eugenia), su madre. A partir de ahí, el padre compra una barca, le rotula el nombre de su querida Uxía, y se encierra en sí mismo y en navegar. Rara vez cruzan alguna palabra. Saleta aguanta así algún tiempo torturándose, porque no consigue comprenderle ni puede ayudarle en sus mutismos.
Para salir de esa situación decide marchar a USA a estudiar Filología a Wisconssin y poner tierra por medio. Es su primera huida. Allí conoce a un amor inestable en un recital de Bob Dylan y Joan Báez, y entra en contacto con ideas trostkystas.
A la vuelta, recién licenciada con veinticinco años, encuentra el ambiente del faro igual o peor. Se le queda pequeño el puerto, la situación del país y su vida. Por eso emprende esta segunda huida a Madrid en 1970 con la intención de servir de algo a los movimientos que se oponían a la dictadura. A partir de ahí adoptará el nombre de Yailene, y marcará un teléfono cada domingo para decir esta contraseña: "Ha llegado una caja de Codorníu". Su tarea se completará con pasarle una bolsa de octavillas a un joven muy bien vestido que no conoce de nada en el andén del metro de Sevilla. Así durante un largo periodo.
Es en este paréntesis cuando se busca diversos trabajos a cual más variopinto, nada fijo. En parte por motivos de seguridad; pero también, porque no va con ella.
Poco antes de la muerte del dictador, intuye que no vale para andar de "liberada" en un tren que no piensa salir de la estación. Lo ve venir y se vuelve a Cabo do Anxo. Cuando llega al puerto, le comunican la muerte (el cuerpo nunca se encontró) de su padre. Según los vecinos, Uxía, la barca, regresa una tarde sin él. Un libro abierto de Sófocles es lo único que vuelve del horizonte.
A partir de ahí, Saleta se empeña en encontrar una explicación a los silencios de su padre y a su posible suicidio, para lo cual se encierra en el piso de Santiago (donde tenía el gabinete) para recuperar uno por uno todos los apuntes y comentarios que dejó hechos al tomar notas en las sesiones de terapia.
Pero, un día que está trabajando entre apuntes, aparece Chumpéter (tampoco se sabe su nombre real), un tipo que viene de Madrid lleno de contradicciones. Por un lado está montado en el dólar como consecuencia de sus conocimientos para interpretar gráficos bursátiles. Por otro, viene de llevar a cabo paralelamente un esfuerzo intensivo de meditación Zen sin haber obtenido fruto alguno. Su intención es alquilar un faro (Saleta ha puesto un anuncio) para huir del hastío y la decepción que siente en su vida. Entre ellos se produce un enamoramiento que no termina de dar sentido a sus existencias. Algo que después de dar muchas vueltas, acaba por provocar la cuarta huida de Saleta a Madrid, unos años después.
Codorníu encuentra a Saleta en un bar de Malasaña y se reconocen. Codorníu era el tipo aquel tan trajeado que le recogía la bolsa en el metro de Sevilla. Comienzan una relación muy intensa basada en los recuerdos de su compromiso personal con el riesgo. Cuando regresan a Porto do Anxo, no saben como va a reaccionar Chumpéter. Sin embargo, viven unos años de una increíble estabilidad emocional formando los tres un grupo donde brilla tanto la amistad de los dos hombres como el amor que cada uno siente por ella.
Tras unos años dorados, Chumpéter advierte que se le está acabando el dinero procedente de la Bolsa y Codorníu propone regresar a Madrid para sobrevivir de su antiguo empleo. Saleta accede y demuestra que sigue teniendo esa chispa para buscarse la vida a través de trabajos de lo más ingenioso. Sin embargo el ambiente de la ciudad industrial es inhumano y lleno de crispación, y antes que aquella relación tan bella se deteriore, los tres llegan al acuerdo de vivir separados. Chumpéter accede a regañadientes; se enfrasca en sus lecturas y en el Havana con limón, pero es el que peor lo lleva.
En este periodo, superado el ecuador de sus vidas, muere Saleta.
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